Hace pocos días, publicaba un artículo celebrando el nombramiento de Enric Morist como presidente de la Taula del Tercer Sector de Catalunya. Lo hacía con orgullo, con esperanza y con la convicción que su liderazgo seria una fuerza transformadora no solo para el sector social catalán, sino también para nuestro territorio y para Àuria, donde teníamos el honor de contar con él como patrón.

Lamentablemente, hoy escribo des de un lugar radicalmente diferente, sacudido por la tristeza profunda y compartida: Enric nos ha dejado de manera abrupta e inesperada. Cuesta encontrar palabras adecuadas para expresar la consternación y la tristeza en la que se encuentra Àuria, y estoy seguro de que también tantas otras entidades y personas que han tenido la suerte de cruzarse con él.

Enric era mucho más que un profesional con experiencia: era un hombre generoso, comprometido hasta la médula con la justicia social y la dignidad de las personas. Des del momento en que se incorporó a la Patronal de la Fundación Àuria, hizo una apuesta decidida por conocer de cerca nuestra realidad, para escuchar, para aportar ideas y para dar apoyo con discreción, pero con una firmeza inspiradora.

Su manera de hacer, cercana y a la vez rigurosa, nos ha ayudado a crecer como organización. Fue un aliado imprescindible para avanzar en innovación social, en inclusión y en la defensa de los derechos de las personas con discapacidad. Su mirada siempre estaba enfocada en como mejorar, en como hacer más y mejor para aquellos que más lo necesitan. Siempre al lado de las familias, pero también al lado de la dirección, consciente de las necesidades y debilidades del sector. Pude compartir momentos con él para establecer políticas de mejora en la atención a las personas, a sus familias; por un tercer sector aún más potente y maduro que siguiera haciendo de Cataluña el mejor lugar donde vivir.

Su nombramiento como presidente de la Taula del Tercer Sector no fue ninguna sorpresa para los que le conocíamos: era un reconocimiento a una trayectoria dedicada a los demás, a construir puentes entre entidades, administraciones y sociedad, y a generar un impacto positivo, tangible y transformador.

Hoy, en Àuria, nos sentimos no solo golpeados por la pérdida de un compañero, sino profundamente agradecidos por la huella que nos deja. Su recuerdo se quedará para siempre con nosotros: en los proyectos que continuaremos tirando hacia delante, en los valores que defendemos, en la manera como entendemos el trabajo al servicio de las personas.

Enric, gracias por tu generosidad, por tu entrega y por tu inmenso corazón. Nos queda el reto y la responsabilidad de continuar el camino que nos ayudaste a dibujar.

Descansa en paz. Te llevaremos siempre con nosotros.

Albert Piñol,

Gerente de Àuria

Grup Clade

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